Su crimen fue ser mujer, morena, trabajadora precarizada y migrante


Escrito por ROSA, Feminismo Socialista México
El pasado sábado 27 de marzo fue asesinada Victoria Esperanza Salazar por la Policía de Quintana Roo en el municipio de Tulúm. Victoria era una mujer de 36 años que contaba con una visa humanitaria, era salvadoreña, migrante y madre de dos niñas.

El momento de su asesinato está grabado y el video se ha vuelto viral en redes, nos recuerda al caso de George Floyd en EEUU. La violencia policial no conoce fronteras y cobra víctimas que suelen pertenecer a grupos sociales excluidos y discriminados por el sistema. Se puede ver en el video la forma en que una policía somete a la mujer con las rodillas, la tiene en el piso, la asfixia, todo parece indicar que le rompieron la columna vertebral.
El caso de Victoria no es un hecho aislado, la brutalidad policial ha sido constante en el estado de Quintana Roo (y en todo el país en general). Cabe recordar lo acontecido el 9 de noviembre de 2020 cuando se reprimió a punta de balazos la protesta feminista en contra de la violencia patriarcal y los feminicidios en Cancún.
El asesinato de Victoria se liga a varios factores, en primer lugar al lugar donde ocurrió. El gobierno de Quintana Roo está presidido por Carlos J. González de la alianza entre el PAN y el PRD, dirigente de los gobernadores del PAN a nivel nacional (GOAN). El estado es conocido por sus atractivos turísticos del mar Caribe, pero en los últimos años también se conoce por el incremento de la violencia relacionada al crimen organizado que busca reclutar trabajadores de la construcción para la venta ilegal de drogas. Asimismo, el negocio turístico forma parte de un mercado que poco a poco va generando muchos problemas ambientales en la región, la construcción de zonas hoteleras conlleva cientos de problemas sociales y ecológicos que distan mucho de tener reparación en el corto y mediano plazo.
Entonces, Quintana Roo es un estado gobernado por un personaje de derecha que reprime la protesta feminista y alienta el ingreso de grandes capitales extranjeros para dar continuidad al negocio del turismo internacional, que no hace nada por frenar el aumento de crimen organizado y el negocio del narcotráfico. Es por lo tanto, un lugar en donde la vida de las mujeres vale poco, donde la Policía tiene órdenes explícitas para reprimir mujeres sin importar el grado de violencia que apliquen. 
En segundo lugar, Quintana Roo es un lugar relativamente cercano a la frontera sur de México, por lo cual atrae a una gran cantidad de migrantes al ser un área de turismo muy concurrida en donde se puede acceder a trabajos ligados a dicho sector, Victoria Salazar era taxista en Tulum, un lugar bastante turístico a donde llegan extranjeros con grandes cantidades de dinero para gastar. Las políticas migratorias en México han llegado a ser bastante controvertidas en los últimos años a partir de que se endurecieron las medidas con respecto al flujo migratorio en nuestro país gracias al uso de la Guardia Nacional; ello responde a las políticas internacionales con Estados Unidos, sobre todo con el gobierno de Trump quien amenazó con imponer mayores aranceles si no se reducía la migración hacia su país. Así, las autoridades mexicanas han emprendido una campaña anti-migrante que obviamente influye en los tratos de los servidores públicos hacia la población. En el caso de Victoria, los policías arremetieron contra ella por ser migrante, por no ser blanca, y por ser mujer.
En tercer lugar, y ligado a lo anterior, el hecho de que Victoria no fuera blanca y rica fue el primer problema. En Tulúm y toda el área turística de Quintana Roo se pasean una gran cantidad de personas ricas, blancas y extranjeras, muchas de ellas con altos grados de alcohol y drogas en la sangre, a estas personas no se les suele detener y, es más, se les invita a que sigan consumiendo. Sin embargo Victoria no formaba parte de ese grupo social, el asesinato de Victoria fue una cuestión de clase, de raza y de género: era una mujer trabajadora, precarizada, morena y migrante. A Victoria se le detuvo por, supuestamente, estar borracha en la vía pública. Nada de ello es excusa para utilizar la brutalidad policial, nada de ello justifica su asesinato, si Victoria hubiera sido blanca, si hubiera tenido otras prendas de vestir, si hubiera tenido un acento extranjero anglosajón, nadie la hubiera siquiera detenido. 
El caso de Victoria es el caso de muchas mujeres migrantes y no migrantes en este país, el caso de las mujeres de clase trabajadora, de las mujeres despojadas por el capital y el patriarcado, el caso de las mujeres sin el privilegio de ser blancas y de tener dinero. Ahora sus dos hijas están huérfanas, mujeres migrantes precarizadas y de piel morena. Por las hijas de Victoria Salazar, por todas las mujeres violentadas dentro del sistema patriarcal y capitalista, desde Rosa exigimos justicia y llamamos a parar la violencia contra las mujeres, llamamos a la lucha socialista contra la opresión de todas y todos.