Ante el resurgimiento de los movimientos de odio, impulsados por la extrema derecha en todo el mundo, miles de personas transgénero en México se organizaron para marchar el pasado 31 de Marzo en varias ciudades del país. De esta manera, han hecho frente a las políticas de odio con solidaridad y lucha.

Por Rosa México, Rosa Feminismo Socialista Internacional

A medida que la crisis se profundiza en el mundo, que arrastra al mundo a una era de caos, movimientos ultraderechistas de odio han emergido a nivel internacional. Estos grupos reaccionarios han puesto sus miras sobre las comunidades más vulnerables de nuestra sociedad para atacar y obtener victorias a través de sus discursos de odio como los migrantes y las personas LGBTQ+. Una de las poblaciones más afectadas por esto ha sido la comunidad trans.

Las personas transgénero o de género no-binario siempre han existido. Desde el entierro de una mujer trans en el barrio praguense de Bubeneč hace 3000 años, pasando por las tradiciones de tercer género sekhet en Egipto, enarei en Grecia y muxe del istmo de Tehuantepec. Y activistas y guerrilleros revolucionarios como Marsha P. Johnson y Amelio Robles, la existencia de las personas trans en el mundo siempre ha sido un hecho, por más que la propaganda ultraderechista intente borrar esta historia.

Primero se hizo en nombre del catolicismo, cuando Vasco Núñez de Balboa orquestó una cacería y purgas de nativos americanos desenfrenadas de lo que él llamaba “sodomia” y “prácticas pecaminosas”. Luego se persiguió a las Babaylan de Filipinas, las Hijra de la India y las Mudoko Dako de Uganda fueron estigmatizadas por la corona inglesa. Esto llegó a una de sus máximas expresiones cuando Joseph Goebbels, el Ministro de Propaganda Nazi dio un discurso para inaugurar la quema de libros queer mas grande de la historia, la quema del Institut für Sexualwissenschaft en Berlin en 1933. Los campos de concentración nazis primero se abrieron para encarcelar a comunistas y socialistas alemanes (distinguidos llevar emblemas de un triángulo superior rojo), después a la comunidad queer y las personas transgénero (con un triangulo inferior rosa), y judios (que portaban la estrella de David como emblema).

El determinismo biológico que argumenta que la categoría de “mujer” corresponde a una categoría biológica, no sólo vuelve a precarizar y oprimir a las personas designadas como mujeres por nacimiento que no cumplen estos estándares, sino que es una burda pantalla de humo para reprimir sistemáticamente a quienes cuestionan su lugar en el orden social capitalista. Pero además, este determinismo biológico reduce la diversidad a un esquematismo ciego que es incapaz de comprender la enorme diversidad de comportamientos de las especies animales, por no hablar de reinos donde no existen propiamente géneros en tanto que un mismo espécimen puede cumplir ambas funciones como en el caso de los hermafroditas.

Hoy en día, como lo fue durante la época de apogeo del Institut für Sexualwissenschaf berlines o del Institut sotsialnoy gigiyeny pri Moskovskom universitete dirigido por Grigorii Batkis antes de la época del termidor estalinista, la segunda mitad de la década del 2010 vio un enorme auge en publicaciones y artículos científicos en el campo de la teoría queer y la interseccionalidad. En parte, como un reflejo de las enormes movilizaciones de mujeres de la llamada nueva ola del movimiento feminista. Y tal como en la década de los 1930’s, la reacción conservadora ante el avance de los derechos y la visibilidad trans no se hizo esperar, desde los ataques de odio contra activistas como José Gálvez y Ociel Baena, hasta las formas de opresión más insidiosas en la falta de reconocimiento e ignorancia de las necesidades de la comunidad trans. Ello como parte de una oleada antifeminista en el mundo, que tiene en la ‘manosfera’ y en influences como Andrew Tate y el Temach a algunos de sus representantes.

El espectro político de derecha e izquierda pareciera dividirse entre quienes activamente buscan erradicar a las personas trans y de género no binario, y quienes se limitan a no opinar sobre el tema. Lo cual deja a la comunidad trans y de personas no binarias luchando por su supervivencia con autoorganización en un contexto de precariedad y marginación social abrumador. Lo anterior refleja la relevancia de las marchas de visibilidad trans en Ciudad de México, Xalapa, Monterrey, Mazatlán, y la primera de este tipo realizada en la historia de Saltillo. Su carácter es cada vez más urgente y necesario. Así cómo urgente es que la izquierda levante la solidaridad y un programa para el movimiento trans. Nadie en la izquierda puede reivindicar la transfobia ni la falta de derechos para la diversidad.

Compañeras, compañeros y compañeres salieron el todo el país a exigir a las autoridades mejoras en los trámites de rectificación de actas por cambio de género, reconocimiento a infancias trans y no binarias, unidades especializadas en atención a crímenes de odio, acceso a programas de salud especializados en atencion a personas transgénero y de genero no binario, la prohibición de las terapias de conversion ECOSIG, tipificacion de los transfeminicidios. Así como la creación de una bolsa de trabajo para talento trans. Demandas que abarcan desde el reconocimiento social, hasta reformas jurídicas y laborales. Frente a los embates ultraderechistas de la crisis capitalista este es un programa que puede obtener victorias concretas para la comunidad trans, que son victorias para el conjunto de la clase trabajadora.

La organización de marchas en todo el país es una herramienta valiosa para continuar impulsando la lucha a nivel nacional e internacional por la visibilidad trans que permita conquistar y consolidar la conquista de los derechos para todes. Siempre existe el riesgo de que las demandas se aprueben y queden como tinta muerta en las salas legislativas, pero a medida que el movimiento va acrecentando su fuerza, lazos con otros sectores a los cuales logra movilizar, y toma un carácter cada vez más combativo, se tienen mayores posibilidades de conquistar estas demandas y más. Porque a las políticas de odio hay que combatirlas de frente, con solidaridad y lucha.