La derrota del gobierno en las elecciones primarias PASO para renovar la mitad del Congreso Nacional abre un nuevo periodo que puede poner Argentina a tono con las movilizaciones que se produjeron en el resto de América Latina, lo cual genera una gran oportunidad para la izquierda pero también supone gran peligro ante el surgimiento de la extrema derecha.

Por Marcos Ariel, ASI en Argentina

La derrota de los candidatos de la coalición peronista Frente de Todos en prácticamente todo el país, es la expresión de la enorme decepción popular con el presidente Alberto Fernández. Si estos resultados se repiten en las elecciones generales del 14 de Noviembre el gobierno perderá el control tanto de la cámara de diputados como de senadores.

La coalición de derecha Juntos por el Cambio (JxC) del ex presidente Macri sale victoriosa pero no logró sumar a la franja de votantes decepcionada con el peronismo, puesto que obtiene la misma cantidad de votos que en las elecciones del 2019 cuando perdieron la presidencia del país. Esto es así porque todavía está fresco en la memoria popular el recuerdo del ajuste del gobierno macrista, es por esto que consideramos no hay un giro a la derecha aunque sí logran consolidar a su electorado.

Por un lado la izquierda anticapitalista nucleada en el Frente de Izquierda y los Trabajadores Unidad (FIT-U) realiza una gran elección obteniendo más 1 millón de votos, consolidándose como la tercera fuerza nacional y con la posibilidad de sumar más bancas en el Congreso Nacional, en las provincias y municipios. Pero por otro lado, surge por primera vez una extrema derecha que se ubica en cuarto lugar a nivel nacional a muy pocos votos debajo de la izquierda.

“La fiesta de la democracia” con pocos asistentes.

Decepcionados con el peronismo y sin visualizar una alternativa política creíble, de manera inédita más de 4 millones de personas no fueron a votar 3. Esos millones expresan no sólo la decepción con el gobierno sino también el hartazgo con todos los políticos del sistema. A pesar que la votación es obligatoria, prefirieron quedarse en sus casas antes que participar de una “fiesta de la democracia” en medio de una realidad social terrible donde más de 19 millones de personas son pobres, o sea más del 40% del país, cifra que se eleva al 70% en jóvenes y niños. El drama es mayor aún con el 10,7% de indigentes. Esto pese a que la actividad económica tuvo un rebote del 10,5%  en el 2021.

El peronismo volvió al poder en el 2019 prometiendo que pondrían dinero en el bolsillo del pueblo, llenarían las heladeras con comida, reactivarían las fábricas, aumentarían las jubilaciones y la asistencia social. Ya transcurrieron dos años y ninguna de estas promesas fue cumplida. Al contrario, la inflación del 50% se consume los sueldos, jubilaciones y planes sociales. Se pagaron más de 7.500 millones de dólares al FMI, los ricos de país se hicieron más ricos durante la pandemia mientras se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo.

De derrota electoral a crisis en las alturas.

Esta situación social es la que explica la derrota electoral del Frente de Todos que al día siguiente de las elecciones  entró rápidamente en una lucha por el poder entre los diversos sectores que lo integran. De manera imprevista los ministros que responden a la vicepresidenta Cristina Fernández, presentaron  su renuncia como manera de presionar al presidente para que otorgue más lugares en el gobierno al sector kirchnerista. Con acusaciones mutuas por la derrota, audios de diputados peronistas insultando abiertamente al presidente y con una dura carta abierta de la vicepresidenta buscando despegarse de la derrota y tratando de quitarse de encima la responsabilidad por el ajuste fiscal, la lucha fue in crescendo despertando el temor de todo el arco político burgués que rápidamente buscaron poner paños fríos para que la crisis no hiciera estallar al gobierno. Si bien luego de tensas negociaciones y con el recambio de ministros, lograron cerrar el capítulo más grave de la crisis interna, ésta continúa tal como se vio en la división en tres actos distintos por el 17 de Octubre, día de la Lealtad Peronista.

Aunque para mayor decepción de la base Kirchnerista los nuevos ministros son más de derecha que los anteriores. Como Jefe de Gabinete  de Ministros asume Juan Manzur un hombre de la iglesia católica y del Opus Dei, que además de expresar lo peor del conservadurismo tiene fuertes vínculos con los grandes empresarios extranjeros. En el Ministerio de Seguridad, Aníbal Fernández, uno de los responsables de la masacre del Puente Pueyrredón cuando la policía asesinó a dos dirigentes piqueteros en el año 2002. En el Ministerio de Agricultura, fundamental en un país netamente agroexportador, Julián Domínguez, que apenas asumió liberó las restricciones a las exportaciones de carne, entre otros beneficios a las patronales del campo. Y como frutilla del postre el cuestionado ministro de economía Martín Guzmán (un agente del FMI según palabras de la propia Cristina) fue ratificado en su cargo. En definitiva, luego de la derrota, el gobierno gira más a la derecha.

FIT-U: Una gran elección que implica una gran responsabilidad. 

Con un programa anticapitalista correcto, la presencia constante en las luchas cotidianas de los trabajadores, así como la coherencia en el accionar de sus diputados que no viven de los privilegios y, ante el derrumbe electoral del peronismo, la izquierda logró despertar el entusiasmo electoral en un sector importante de la vanguardia desilusionada con el gobierno.

En las elecciones generales del 14 de Noviembre el FIT-U tiene el desafío de conseguir más votos, renovar e incluso ampliar las bancas en el Congreso para que la izquierda siga fortaleciéndose de cara a las luchas que se vienen. Por eso llamamos a votar a les candidates del FIT-U.

Pero el desafío mayor viene después de las elecciones cuando el peronismo deba aplicar más ajuste para cumplir con el FMI y los empresarios a quienes Alberto Fernández ya les prometió la reforma laboral, eliminar la doble indemnización y la ley que prohíbe los despidos. Ante esto los diputados del FIT-U deben presentar proyectos de leyes para defender a los trabajadores como por ejemplo leyes para que el salario sea igual a la canasta básica de alimentos o por la construcción de viviendas populares o leyes que prohíban la megaminería, pero junto con esto deben convocar a movilizarse para presionar al Congreso y se aprueben.  También deberían usar las bancas para convocar a un encuentro de todos los sectores en lucha, impulsar la coordinación obrera y popular como por ejemplo buscar crear comités unitarios de base en las fábricas, sindicatos, universidades y barrios.

Por primera vez la crisis económica encontrará al peronismo en el poder administrando la miseria y, a diferencia de la crisis del 2001, también encontrará a una izquierda con un gran reconocimiento ante el movimiento de masas, abriendo la posibilidad de disputar poder. Es una gran oportunidad que no se debe desaprovechar, pero para eso el FIT-U debe ir más allá de un frente electoral y en base a su programa convertirse en un partido amplio de izquierda, convocando a la enorme vanguardia militante de izquierda, social, cultural, de derechos humanos, feminista, LGBT+, ecologista, territorial, etc. que se encuentra actualmente por fuera de los partidos que integran el FIT-U y que se aleja cada vez más del peronismo.

Lamentablemente las declaraciones autoproclamatorias de algunos de sus dirigentes del tipo “aglutinamos al 85% de la izquierda” que buscan minimizar al resto de las expresiones de izquierda, fomentan la división y no ayudan a fortalecer una alternativa política para la clase trabajadora. Distinto hubiera sido si en las PASO se hubiera aprovechado para sumar a otros partidos como el Nuevo Mas o el Partido Obrero (Tendencia) de Jorge Altamira que al ir solos no lograron superar el piso proscriptivo del 1,5%

El sectarismo y la autoproclamación no ayudan a fortalecer a la izquierda y si el espacio que deja el peronismo no lo ocupa la izquierda aparecerán otros para ocuparlo.

Surge el demonio de una extrema derecha.

Como los viejos fantasmas de un pasado de terror que vuelven al presente, en estas elecciones aparece por primera vez una extrema derecha ultraliberal cuyo exponente es el bufonesco economista Javier Milei que, con un discurso “rebelde” en contra de la “casta política” corrupta, haciendo gala de un abierto macartismo acusa al marxismo (a donde incluye no solo a la izquierda sino también al peronismo e incluso a sectores de Juntos por el Cambio) y al keynesianismo como culpables de la debacle nacional. En nombre de una supuesta “libertad” posa de anarco capitalista ubicándose en contra del “Estado que oprime” la iniciativa privada. Además de misógino, anti aborto se posiciona contra la “ideología de género”. Con muchísimo espacio en los medios de comunicación masivos habla abiertamente de aplastar a los “zurdos” de que no hay que vacunarse ni usar barbijos, que hay que privatizar todo, la salud, la educación, hasta las calles o que el cambio climático es un invento del comunismo.

Esta “nueva derecha” surge como consecuencia de la decadencia del neoliberalismo que hunde en la pobreza no solo a la clase trabajadora sino también a las clases medias que tienen terror de perder lo poco que les queda, ya sea el trabajo o el pequeño negocio. Pero es en los jóvenes de clase media que no ven futuro en el país y en medio de la crisis domina el “sálvese quien pueda” donde tiene auge este discurso individualista. Además de sentirse defraudados  de manera constante tanto con el peronismo como con el macrismo.

Esto explica que la extrema derecha hay realizado una gran elección ubicándose en cuarto lugar a nivel nacional a tan solo 50 mil votos del FIT-U con la diferencia que sólo se presentaron en dos distritos, Buenos Aires (Capital Federal) donde obtuvieron el 13% duplicando los votos de la izquierda y en provincia de Buenos Aires donde obtuvieron el 5% a muy pocos votos por debajo del FITU. Sin dudas su alcance político es mayor y se extiende al resto del país. Por eso no hay que subestimarlos sino combatirlos abiertamente desnudando su discurso de falsa rebeldía que en realidad es de sirvientes de los grandes empresarios.

El desafío que tenemos por delante todos los que somos de izquierda y reivindicamos las libertades democráticas del pueblo es enfrentarlos públicamente, destruyendo sus argumentos. Como por ejemplo si llevamos a la práctica las privatizaciones de la educación, la salud o bajamos los “costos laborales” esto no implicará más libertad sino más cadenas para los trabajadores y se profundizará la pobreza y la desigualdad. O también mostrar lo que sucede en Brasil con Bolsonaro responsable de la muerte de miles de Brasileños por negar la pandemia del COVID-19.

Además desnudar su falso discurso que habla de defender la libertad pero lleva como segunda candidata a una defensora de la dictadura militar. El mismo Milei trabajó como asesor del militar genocida Domingo Bussi responsable de los centros de tortura de la dictadura militar en el norte del país.

A tono con Latinoamérica

Mientras los pueblos hermanos de Latinoamérica se movilizaban en Argentina parecía que reinaba la calma. En realidad, la esperanza de que con un gobierno peronista se volvería a estar mejor, era lo que predominaba, esa esperanza se diluyó rápidamente. La política del gobierno de hacer que la crisis la paguen los trabajadores y el pueblo está desembocando en la gran decepción y, si bien, hubo movilizaciones y luchas importantes, sobre todo en la primera línea de la salud estas no se generalizaron en todo el país, aun así se obtuvieron importantes triunfos. Si las luchas no van más allá es fundamentalmente por la burocracia sindical que está más preocupada por sostener al gobierno y sus privilegios que en luchar por los trabajadores.

Los desocupados organizados en las agrupaciones piqueteras también se están movilizando permanentemente por puestos de trabajo genuino y ante el intento del gobierno de convertir los planes sociales en “trabajo” para beneficiar a los empresarios privados.

Como el gobierno no podrá dar respuestas económicas favorables al pueblo y, si finalmente sale derrotado en las elecciones generales, quedará muy debilitado para realizar el ajuste. Y, aunque ahora, desesperados por revertir la derrota siguen con el discurso de que hay que votar al peronismo para que no gane la derecha de Macri, ese discurso cada vez llega menos a sus votantes que ven que del discurso “nacional y popular” no queda nada. Seguramente intentarán hacer pasar el ajuste tejiendo alianzas con Juntos por el Cambio para sostener la gobernabilidad.

Políticamente la clase trabajadora está quedando huérfana, abriendo la posibilidad no solo de convulsiones sociales que lleven a una rebelión popular generalizada y pongan a la Argentina a tono con nuestros hermanos latinoamericanos, sino también la posibilidad de construir una alternativa política de la clase trabajadora si el FIT-U se pone a la altura de las circunstancias impulsando la construcción de un partido unitario de izquierda para que le dispute el poder a la burguesía. Y si la izquierda no está a la altura existe el peligro de que la extrema derecha ocupe ese espacio porque las clases dominantes la impulsarán cada vez más ante la debilidad de la derecha clásica.

Desde ASI en argentina te invitamos a organizarte con nosotros para construir un partido revolucionario que crezca unido a las luchas de la clase trabajadora, de la marea verde feminista, de la juventud que lucha por su futuro y en contra del cambio climático. Un partido que se  aleje del sectarismo estéril pero también del oportunismo que lleva a un callejón sin salida como lo demuestra los sectores progresistas y de izquierda que lamentablemente se sumaron al Frente de Todos.

Se vienen tiempos de grandes cambios. Los de arriba cada vez estarán en más crisis y los de abajo ya no queremos seguir soportando las penurias de este sistema capitalista.