Los resultados de las elecciones a la constituyente chilena este mayo fueron el resultado de la lucha masiva, incansable, heroica y radical de la juventud, las mujeres, el pueblo mapuche y toda la clase trabajadora chilena. El levantamiento de masas en 2019 mostró la fuerza de los trabajadores y de todos los oprimidos. Se enfrentó a la represión salvaje, cobarde y asesina de Carabineros y al arresto de miles de activistas. Logró abrir una crisis profunda del sistema político del régimen post-pinochet e imponer un retroceso al gobierno y a la clase dominante en Chile.

Escrito por Alternativa Socialista Internacional. Este artículo fue publicado en el primer número de América Latina Socialista, revista latinoamericana en portugués y español de Alternativa Socialista Internacional

Los pasados 15 y 16 de mayo, se celebraron en Chile las elecciones para el Constituyente que redactará una nueva Constitución , vista por millones como una oportunidad de echar por la borda de ese modo el criminal legado de la dictadura pinochetista. Como la revuelta de octubre de 2019, los resultados dejan clara la crisis de la derecha chilena. Sin embargo, la participación electoral apenas superó el 43% del electorado chileno en oposición al 78% de participación alcanzado en el plebiscito del 25 de octubre de 2020. Lo cual refleja un profundo desánimo entre una capa significativa de chilenos que se movilizaron en 2019 y 2020.

Del plebiscito a la elección del Constituyente

Para los marxistas, el plebiscito y la constituyente son acontecimientos altamente contradictorios. Por un lado, tienen sus orígenes en la maravillosa lucha de los trabajadores, jóvenes, mujeres y el pueblo indigena, y es conquista de un verdadero terremoto político. Pero por otro lado, nacen como un intento por parte de Piñera y la clase dominante que representa, para descafeinar el movimiento de masas, y descarrilar por vías institucionales, minando su potencial verdaderamente revolucionario.

Sin embargo, eso último es una tarea que la burguesía tendrá difícil de cumplir. Los resultados del plebiscito representan un gran paso adelante en la lucha por enterrar los escombros de la dictadura asesina de Pinochet, que combinó neoliberalismo y terrorismo de Estado, y que sobrevivió en gran medida en los 30 años de una “democracia” limitada y antipopular gracias a la moderación y compromiso de sectores de la izquierda chilena, particularmente la Concertación por la Democracia (incluyendoa los partidos “socialista” y “comunista”).

La propuesta aprobada masivamente en el plebiscito implica también la adopción de la paridad de género en este nuevo órgano constituyente elegido en abril, que representa un logro importante y sin precedentes. Este resultado no solo es una derrota de la derecha ‘pinochetista’, también es una bofetada a todos los políticos llamados ‘democráticos’ que, incluso después del fin de la dictadura, se negaron a promover cambios efectivos en el sistema político, económico y social en el país.

Dentro de la Convención Constituyente, los partidos tradicionales han logrado una representación históricamente baja. Al mismo tiempo ha sido sorprendente la irrupción de candidatos independientes que componen una parte de la Lista del Pueblo, una plataforma compuesta por activistas y dirigentes sociales, políticos y sindicales que se han organizado para impulsar de manera conjunta sus candidaturas con el objetivo de impulsar un polo de izquierda independiente y combativo en la Convención.

Un lienzo en blanco

Las movilizaciones que ha tenido Chile desde hace unos años son el reflejo del descontento por parte de la clase trabajadora y los sectores oprimidos. Pero también son reflejo de la política conciliadora del Partido Comunista y del Partido Socialista, que no han dudado en pactar con la derecha, lo que ha generado un enorme descontento entre el pueblo trabajador chileno que mira como sus condiciones de vida se ven minadas con la complicidad de estas organizaciones.

Aunque todavía faltan por establecer concretamente varios puntos respecto a cómo va a funcionar la Convención, conseguir una transformación radical no va a ser nada sencillo. La escritura de una nueva Constitución parece ser un lienzo blanco al que se le pueden pintar todas las soluciones al sistema actual en Chile. Se han escuchado demandas muy necesarias como: poner fin a la privatización de sectores, eliminar las AFP, derechos sociales, indígenas, y para el medio ambiente, entre más cosas. Pero para resolver estas cuestiones y consolidar estas demandas, se necesita plantear que la solución tiene que venir desde la raíz del problema. Si dentro de la Constitución no se plantea un cambio al sistema político y económico – incluyendo la propiedad privada de los sectores estratégicos de la economía – la clase trabajadora va a seguir siendo explotada y oprimida.

En ese sentido la Lista del Pueblo y las candidaturas independientes de izquierdas, representan sin lugar a dudas un paso adelante y una oportunidad para construir una alternativa real para los oprimidos en Chile. Por ello reivindicar las demandas como la libertad a todos los presos políticos, la condonación de las deudas, el reconocimiento constitucional del derecho a la educación pública y gratuita en todos los niveles, el salario mínimo de 600 mil pesos chilenos, entre otras demandas, son fundamentales para fortalecer la fuerza de la Lista del Pueblo y los independientes en la Convención. Hay que tener claro, que la conquista de los derechos para las masas chilenas no será el resultado de la capacidad negociadora o legislativa de los convencionistas, sino de la movilización y organización de la fuerza social que sean capaces de construir para enfrentarse a la derecha y a la burguesía chilena que no tienen ningún interés en que las cosas cambien en Chile.

Por una izquierda anticapitalista organizada: ¡Construyamos una izquierda amplia y combativa en Chile!

La enorme desigualdad social y la falta de derechos básicos, como el acceso a la educación, la salud y la jubilación, terminaron provocando la potente explosión social cuyo detonante fue el aumento de las tarifas del metro de Santiago. Desde entonces, el pueblo chileno ha salido a las calles con una enorme voluntad de lucha y coraje. Pero la batalla apenas comienza. Las urnas no sustituyen a la lucha en las calles, en las fábricas, en los barrios y las comunas.

Debe continuar la movilización por el fin de la represión estatal, por la liberación de los más de dos mil presos políticos y por el castigo de los responsables de las muertes y consecuencias de la represión. Como responsable directo de la cobarde represión, Piñera tiene que caer ahora. No se puede admitir que haya un proceso constituyente verdaderamente democrático bajo un gobierno tan autoritario y antipopular.

También debe seguir la lucha contra las maniobras y trampas creadas para amordazar y contener la voluntad del pueblo en el proceso constituyente. Este es el caso del requisito de 2/3 partes para la aprobación de medidas en la nueva Convención Constituyente, que puede ofrecer a los sectores de derecha y conservadores aun siendo minoría, un veto a las medidas más avanzadas. En este momento, es necesario profundizar la organización de base a través de cabildos y Asambleas Populares en barrios, escuelas y lugares de trabajo, para debatir qué nueva Constitución se necesita y cómo debe representar una ruptura real con el sistema político y económico actual en Chile. Y que sean estas las propuestas y el programa que defienda la Lista del Pueblo en la Convención Constituyente.

No podemos aceptar nada menos que una Constitución que garantice la educación pública, la salud pública y la jubilación digna para todos los chilenos. Que garantice los derechos de las mujeres y los pueblos indígenas. Que ofrezca condiciones para la defensa del medio ambiente. Que ponga los recursos naturales y los sectores clave de la economía bajo el control de los trabajadores. Que los super ricos paguen la crisis y garanticen puestos de trabajo, salarios y democracia a los trabajadores. Fue con la lucha de masas que se logró la apertura del proceso constituyente, será con la lucha de masas que se podrá utilizar para transformar radicalmente la sociedad.

Para ello, es necesario construir y fortalecer la organización popular no solo mediante asambleas barriales y comunales. Es indispensable construir una organización política que defienda un mismo programa en todas las asambleas barriales y comunales, así como en los sindicatos y en los movimientos sociales para construir una gran mayoría organizada no en torno a tal o cual candidato sino entorno a un conjunto de demandas, que sean defendidas por los candidatos electos. No solo dentro de la Convención, sino fundamentalmente fuera de ella pues en esta no se conquistará nada que no se gane primero en las calles, en los barrios, en las comunas, en los sindicatos y en los movimientos sociales.

La única alternativa que tenemos los oprimidos en Chile y en el mundo, es la lucha organizada contra la derecha y el capitalismo, que hoy puede ser obligada a retroceder pero que si no es derrotada de manera definitiva mediante la transformación radical de la sociedad en líneas socialistas tarde o temprano volverá a la ofensiva. Desde Alternativa Socialista Internacional, nos planteamos esa tarea: contribuir en la lucha contra la derecha y la burguesía, conquistando nuevos derechos y demandas para las y los trabajadores, señalando que el camino a seguir es el de la lucha por el socialismo.