El rescate bancario de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional sólo araña la punta del iceberg

23/06/2012, Danny Byrne, CIT

La crisis en España es tal que los acontecimientos van y vienen a gran velocidad y son difíciles de predecir o anticipar con exactitud. Lo que suceda en España está intrínsecamente relacionado con toda una serie de factores, muchos de los cuales se determinan fuera de sus fronteras, en particular la evolución de la crisis de la Eurozona. España se está convirtiendo en el nuevo epicentro de esta crisis, empujada a esa posición por la explosión de la enorme crisis bancaria, que ha comenzado a desenmarañarse y que ya ha llevado a la aceptación de un humillante rescate de la UE y el FMI de hasta 100 millones de euros para rescatar las deudas incobrables del sector bancario.

Añadidas y conectadas con el desastre bancario hay una gran cantidad de crisis sociales, regionales, nacionales y políticas, cada una en sí misma amenazando con explotar en cualquier momento. Si hay algo que ha sido capaz de dar una cierta pausa a los consternados líderes capitalistas de Grecia, Portugal y otros países acosados por la cadena interminable de caos e inestabilidad, ha sido que la crisis del gobierno español ha tomado temporalmente el lugar más candente, en lugar de sus propias dificultades. A una velocidad de vértigo el gobierno de España ha pasado de arrogante hombre fuerte a torpe hombre enfermo. Como señaló el Wall Street Journal la semana pasada, ampliamente citado en la prensa capitalista española, los problemas del nuevo presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, son «enormes y simultáneos» (El País, 4 de junio de 2012).

Hasta su caída, el Gobierno de Zapatero estuvo maniobrando frenéticamente para evitar un rescate de la Troika y luchar contra la nube negra de la «prima de riesgo ’, que se ha multiplicado con determinación a pesar del servilismo más concienzudo del gobierno a los mercados. Ahora, pocos meses después del aplastamiento de Zapatero por el electorado y la subida del PP al poder como un «par de manos seguras» para poner fin a la incertidumbre en Europa y los mercados, el fantasma de la «intervención» ha vuelto. Esto pone sobre la mesa el dramático (e inevitable) fracaso del capitalismo español, bajo dos gobiernos distintos, en poner un muro entre la situación española y la de otros países «periféricos», que ya han recibido rescates.

Las brutales políticas de austeridad, con nuevas medidas anunciadas de forma sistemática todos los viernes por el gobierno, han tenido el mismo efecto en España que en otros lugares: han arrastrado aún más la economía hacia una espiral depresiva. Junto a la sucesión continua de estadísticas y pronósticos negativos, se está desarrollando una pesadilla social para millones de personas. El desempleo masivo está empeorando constantemente (más de la mitad de los jóvenes están sin trabajo) en un contexto de extrema pobreza, lo que se evidencia en casi cada esquina de la calle. Muchas personas que sólo hace unos años disfrutaron de trabajo regular y estable, se ven empujados a acudir a comedores sociales para alimentarse.

Esta flagrante contradicción (entre un capitalismo español que lucha por permanecer en la «Primera División» y una clase obrera con sus condiciones de vida se ven empujadas a niveles tercermundistas, en un intento desesperado para una «salida» de la crisis) está llamada a ser el factor determinante en la conformación de los acontecimientos del período que se avecina. Para tener una idea de la intensidad de las nuevas batallas de clase que van a seguir desarrollándose aún más ampliamente, no es necesario mirar más allá de la lucha militante de los mineros en el norte de España, que han levantado barricadas en llamas en las autopistas y líneas de ferrocarril en torno al país y las defendió con lanzacohetes caseros, consiguiendo en algunos pueblos expulsar a la policía.

Una huelga indefinida de los mineros ha estado en marcha durante varias semanas en Asturias y León, a la que se han unido los transportistas. Se dan grandes enfrentamientos a diario, y escenas que recuerdan a una situación de guerra civil en las comunidades mineras se están difundiendo ampliamente en Internet. Estas escenas de batallas campales entre los piquetes de los trabajadores y la policía antidisturbios armados con fusiles disparando andanadas de balas de goma tendrán un efecto electrizante en el aumento de la rabia y un creciente deseo de luchar, por lo que la huelga fue censurada de la prensa capitalista por un número de días. La profundización de la crisis en general ha ido acompañada de crecientes niveles de resistencia.

Los últimos dos meses han dado paso al período más intenso de movilizaciones desde el comienzo de la crisis. La Huelga General masiva el 29 de marzo y las numerosas movilizaciones de millones de personas alrededor de ésta, fueron seguidas por más de un millón que marcharon el Primero de Mayo y luego por otro millón en marchas en ciudades de todo el país el 12 de mayo para celebrar el aniversario del movimiento 15M. El 22 de mayo, hubo una sólida huelga del 80% de todo el sector educativo. Estas movilizaciones, a pesar de las limitaciones impuestas desde arriba por los «líderes» del movimiento, muestran que es imposible que el capitalismo ponga en práctica su plan de empobrecimiento sin levantar la protesta de la clase obrera y la juventud.

El rescate de la UE y el FMI, no es una solución a los problemas fundamentales de la economía

Una caricatura satírica de amplia circulación en la última semana, muestra al ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, diciendo que «el plan de rescate de España se realizará cuando se encuentre el eufemismo más adecuado para definirlo». La realidad es que, en términos reales, el gobierno de Rajoy ha estado pidiendo un rescate durante semanas. Sin embargo, su objetivo es conseguir un plan de rescate que le permita salvar las apariencias mejor que los de Irlanda, Portugal y Grecia.

En primer lugar, dijeron que el rescate no era necesario debido a la capacidad del BCE para intervenir con una compra masiva de la deuda pública y de la banca (es decir, un plan de rescate, según cualquier lógica) para aliviar la presión, que ya había evitado un rescate de la Troika en diciembre de 2011. Cuando se vio que esto no era inminente, el enfoque del gobierno cambió. Ahora bien, no era España, la que necesitaba un rescate, sino ¡sólo los bancos! Esto desafía toda la lógica de la crisis de la deuda: una de las razones principales por la que los mercados han estado dando por sentado que España necesita un plan de rescate es precisamente porque creen que no es capaz de rescatar a sus propios bancos. Así, en un intento desesperado por evitar un escenario al estilo irlandés (donde el gobierno se encontraba en bancarrota por la garantía a la banca y forzado a un plan de rescate), el gobierno de derechas del Partido Popular (PP) comenzó a exigir un plan de rescate europeo directamente a los bancos, sin tener que pasar por el gobierno.

La velocidad de la última crisis de la banca, con el estallido del colapso y la nacionalización de Bankia (el cuarto mayor banco de España), ha sido impresionante. Sólo unos pocos días después de que el presidente de Bankia prometiera que la empresa era capaz de resolver sus propios problemas de financiación, ya se hacía necesaria una nacionalización de emergencia. El coste público de esta «nacionalización» y la recapitalización entonces pasó en unos días de más de 4.000 millones, a casi 25.000 millones de euros. La patética falta de preparación del capitalismo español para el advenimiento de esta crisis se revela en el hecho de que su Fondo para la Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), que se creó en virtud de una reciente reforma financiera para proporcionar un «colchón» para el sector bancario, contaba con poco más de 5.000 millones de euros en el momento de la caída Bankia.

En comparación con otras economías periféricas, como Irlanda, la relación relativamente baja deuda-PIB en España ha tenido mucho que ver con los programas «sin terminar» de rescate bancario de 2008-2009. Pero entonces, en lugar de aprender las lecciones de las desastrosas experiencias internacionales de la nacionalización de las deudas bancarias incobrables, el gobierno del PP y las potencias europeas parecen decididos a repetir esta situación paso a paso. El rescate de Bankia subirá la deuda pública hasta el 90 por ciento del PIB, por encima de las estimaciones previas. Los 100.000 millones en nueva deuda que ahora asumen las finanzas públicas disparará esta cifra aún más. ¿Cómo va esto a «aliviar la presión» de los mercados sobre la economía española?

Esto se ha anunciado como un rescate “suave”, que se limita al sector financiero y sin un programa adjunto de austeridad de la Troika. Sin embargo, a pesar de que las políticas del gobierno español ya están en gran medida bajo los dictados de los poderes de la Troika, la idea de que este rescate se va a dar sin un endurecimiento de las medidas contra los trabajadores es de risa. Las condiciones propuestas por la Comisión Europea para un simple retraso de un año, del límite de déficit, de 3% por ciento de España, incluyó una aceleración de las reformas de las pensiones, un endurecimiento de la reforma laboral y el deterioro en el sistema de subsidio de desempleo, para dar un pequeño ejemplo de los «sacrificios» que se exigen.

Es cierto que el tamaño y la importancia de la economía española dio a Rajoy la capacidad y poder de negociación para regatear y evitar (hasta ahora) un rescate al estilo griego de la Troika con todas sus espeluznantes condiciones. Por cierto, este es un duro golpe para los traficantes del miedo de la derecha en Grecia, Irlanda y otros países, que se funden en la idea de que no hay posibilidad de oponerse a la Troika. Sin embargo, España todavía estará bajo la «supervisión» de los «hombres de negro», como se les ha llamado en la prensa española, y las “recomendaciones” de la Troika de austeridad se están convirtiendo más bien en «imposiciones» con el nuevo instrumento de chantaje que es el plan de rescate. Como los demás, este rescate se pagará en tramos (cuotas diferenciales estructuradas), con la amenaza de retener los fondos si el gobierno «se porta mal».

Cualquiera que sea la forma que tenga un rescate de la banca española, no consistirá en rescatar a la gente corriente, sino en una política desastrosa para millones de personas que recibirán sobre sus hombros decenas de miles de millones de euros en deudas incobrables del sector privado, que en última instancia, serán pagados exprimiendo a los trabajadores, la juventud y los parados. Un rescate solo a los bancos también se ocupa de uno solo de los aspectos de la crisis de la deuda pública de España, sin hacer nada para resolver sus problemas fundamentales: los desastres que se avecinan en las comunidades autónomas, por ejemplo, a los que el Estado español sería igualmente incapaz de responder. Así, mientras que la cifra de rescate bancario inicial puede parecer «manejable» para el capitalismo europeo y español, podría ser un mero intento de una «solución rápida», que sólo toca la punta del iceberg de la profunda crisis de la cuarta economía más grande de Europa.

La realidad es que este rescate está motivado por los gobiernos capitalistas que se desviven por los especuladores súper-ricos, quienes a través de sus ahorros ociosos e inversiones tienen a los bancos y la economía cogidos del cuello. Las próximas elecciones de Grecia el 17 de junio abren la posibilidad de que los votantes de clase obrera den un golpe decisivo a las políticas de austeridad de los capitalistas, si es elegida Syriza. Este rescate de los bancos españoles es parte de la preparación del capitalismo europeo para tratar de manejar la ira de los buitres capitalistas, cuya desenfrenada especulación e irresponsabilidad podría precipitar un temido pánico bancario, especialmente en la periferia europea (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España). De hecho, el momento de la decisión de implementar la intervención fue casi impuesto a Rajoy y compañía por las grandes potencias del mundo. En el período previo a la cumbre del Eurogrupo, que el sábado decidió el «paquete de rescate», los informes mencionaban constantemente las intervenciones de último minuto de Barack Obama, las potencias europeas, y el FMI.


¿Fuga de capitales?

El capitalismo ha demostrado ser patéticamente incapaz de evitar que se desarrolle un escenario al estilo griego en España. La responsabilidad de impedir un desastre por lo tanto debe caer en la clase trabajadora, la juventud y sus organizaciones, a partir de una lucha contra la reducción de los niveles de vida y el desmantelamiento del estado del bienestar que se está llevando a cabo. En última instancia esta lucha debe ser de alcance internacional. La izquierda tiene la responsabilidad histórica de ofrecer una alternativa consistente al camino de la ruina y la miseria que ofrece la austeridad capitalista de la Unión Europea. Hay un clima de miedo alimentado por los medios de comunicación y el gobierno, que hablan de que España puede quedarse sin préstamos y de la fuga de capitales del país (casi 100.000 millones de Euros han sido retirados de la economía española desde enero). Pero a este miedo se le puede dar la vuelta si se responde con alternativas políticas que vayan a la ofensiva contra los banqueros y los capitalistas.

Las mayores 20 empresas españolas cuentan con reservas de más de 40.000 millones de euros, los que no están siendo invertidos debido a la profundidad de la crisis mundial que está pasando el sistema capitalista. Para poner este dinero a trabajar, se hace necesaria una reestructuración revolucionaria de la economía, donde las principales empresas e industrias sean gestionadas democráticamente bajo propiedad pública.

Así sería posible detener la fuga de capitales e invertir la riqueza de España (que los ricos y las grandes empresas están acaparando en la actualidad) en un programa de emergencia y de obras públicas contra la crisis para crear puestos de trabajo. Los 29.000 millones de euros destinados a ser lanzados al agujero negro de los pagos de la deuda española este año (por no mencionar los miles de millones pagados para comprar las deudas incobrables de los promotores inmobiliarios a los bancos) podrían ser objeto de un uso social.

La situación de la economía española clama por estas políticas, que podrían transformar la situación en España y en toda Europa. Pero sólo un gobierno de la clase trabajadora que funcione sobre la base de políticas socialistas sería capaz de llevar a cabo este programa de una manera exhaustiva y coherente. La adopción de estas políticas alternativas en España o en otro país europeo, en la economía globalmente integrada de hoy en día, sería solamente un primer paso, una parte crucial de la lucha internacional por una alternativa de la clase trabajadora al sistema del euro y Unión Europea capitalistas.

La crisis en las comunidades autónomas y la cuestión nacional

Aparte de la crisis bancaria, una de las fuerzas que empujan a España al epicentro de la crisis es la falta de fe de los mercados en la capacidad de Rajoy para reducir el déficit. Para ello es fundamental el hecho de que los gobiernos de las 17 comunidades autónomas controlen más del 40 por ciento del gasto, lo que complica enormemente la tarea del gobierno central de reducir los presupuestos brutalmente en todas partes. El inesperado «exceso» del déficit de 2011 se ha generado en su gran mayoría en estas comunidades autónomas. Los representantes del capital español prometieron que el triunfo electoral del derechista Partido Popular (PP), que no sólo tiene una mayoría absoluta en el gobierno central, sino que también gobiernan la mayor parte de las comunidades autónomas, solucionaría este problema para siempre.

Sus predicciones optimistas se basaban en la idea de que el PP había tomado el relevo a los ’irresponsables’. Sin embargo, esta promesa, junto con todas las demás, se disolvieron en muy poco tiempo. Sólo hace unas semanas, el déficit de 2011 fue revisado nuevamente al alza debido a un nuevo ’exceso’ oculto en tres comunidades autónomas, Valencia, Madrid y Castilla y León, todas ellas gobernadas por el PP.

La crisis económica que enfrentan algunas regiones es increíblemente profunda. El mes pasado, por ejemplo, con el fin de liberar bonos de la deuda en los mercados a seis meses, la región de Valencia tuvo que pagar más intereses que los que paga Grecia. Regiones como Cataluña, que tiene una economía mayor que la de Portugal, se enfrentan a la amenaza de la quiebra y al fantasma de la intervención por parte del gobierno central (que a su vez no se lo puede permitir). En un panorama con sorprendentes similitudes con la situación en la zona del euro, las regiones con problemas están exigiendo bonos españoles (emisiones de deuda garantizadas por el gobierno central), a lo que el gobierno central se resiste por el momento.

Las contradicciones nacionales que existen dentro del estado español, ya históricas, inevitablemente continuarán ampliándose sobre la base de la crisis capitalista, sobre todo cuando la austeridad impuesta desde el centro a las regiones autónomas y los conflictos inter-regionales sobre la distribución de los recursos se agreguen a la mezcla. El gobierno regional vasco, sobre la base de un pacto de gran coalición entre el PP y el socialdemócrata Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se ha venido abajo, y las elecciones con toda probabilidad tendrán lugar en noviembre del próximo año. En estas elecciones es probable que veamos el éxito electoral continuado de la izquierda nacionalista, que se ha fortalecido por el final de la actividad armada por parte del grupo separatista vasco ETA. En las últimas elecciones generales el 20 de noviembre de 2011, esta fuerza (que se presentó entonces bajo el nombre de Amaiur) ganó el mayor número de escaños en el País Vasco, relegando al PP al cuarto lugar.

En Cataluña, el aumento de las tensiones nacionalistas tiene una expresión más siniestra en el cambio de gobierno de centro-derecha de CiU hacia la más dura retórica nacionalista. Este partido, la voz histórica del capitalismo nacionalista catalán, combina los discursos nacionalistas y la amenaza de un referéndum sobre la independencia con las políticas de austeridad brutal, que superan a las de Rajoy en términos de su velocidad y salvajismo. La última ronda de reformas incluye la terminación de la asistencia sanitaria gratuita y una tarifa por noche de cinco euros a los pacientes del hospital. Los «enemigos» de Cataluña de Rajoy son, al mismo tiempo sus aliados más confiables en la austeridad, y han votado todas sus reformas contra los trabajadores en el Parlamento de Madrid.

A pesar de que el «nacionalismo» de CiU es sólo un juego por un mayor poder de negociación dentro del status quo, la experiencia de las políticas de su gobierno demuestra para los trabajadores que una Cataluña independiente de España sin dejar de estar bajo la bota de los mercados y la austeridad no sería un paso adelante para la clase trabajadora de dentro o fuera de Cataluña.

Sólo un movimiento de la clase trabajadora unida puede evitar los peligros de la fragmentación provocada por la crisis. Tal movimiento debe partir de la necesidad objetiva de unir a la resistencia en todo el estado español (y también de fuera) contra el gobierno central y el capitalismo español.

Por otro lado, el movimiento obrero y la izquierda deben resistir el aumento reaccionario del nacionalismo español, que se basa en un juego de división para desviar la atención lejos de la lucha de clases. La defensa del derecho a la autodeterminación sigue siendo un elemento necesario de cualquier programa capaz de unir las luchas por una alternativa a los recortes y el capitalismo.

A medida que avanza la crisis, los socialistas revolucionarios se verán obligados a abordar la cuestión de qué enfoque dar a las crecientes demandas de mayor autonomía, hasta e incluyendo la cuestión de la independencia, especialmente en el País Vasco, donde el referéndum previsto en Escocia para el 2014 de independencia del Reino Unido tendrá un cierto impacto. Cualquier éxito de la lucha por los derechos democráticos y nacionales debe partir de una lucha unida en todo el estado español y también basarse en una perspectiva clara de clase e internacionalista, que explique claramente el callejón sin salida de la independencia sobre una base capitalista.

Por lo tanto, si este fuera el deseo de la mayoría, la lucha por una república de los trabajadores como parte de una federación socialista de España, la Península Ibérica, Europa y más allá, con plenos derechos de todas las minorías nacionales y lingüísticas podría enriquecer la lucha contra el capitalismo español. Esto tiene poco en común con el enfoque de las personas dentro del movimiento nacionalista vasco que ven una alianza con el PNV capitalista como un paso adelante. Un frente unido de la izquierda, en el País Vasco y en toda España sobre la base de un claro programa anticapitalista, incluyendo el derecho a la autodeterminación, podría servir mejor a los intereses de los trabajadores vascos, los jóvenes y los desempleados.


Avances y desafíos para la izquierda: ¡Por la construcción de una izquierda revolucionaria de masas desde abajo en base a políticas socialistas!

La explosiva situación actual ha llevado a Izquierda Unida (IU) a su mayor apoyo en los últimos 20 años, alcanzando el 12 por ciento en las últimas encuestas, casi el doble de los votos que obtuvo en las elecciones de noviembre pasado. Esto se ha basado tanto en una radicalización, que se refleja en las luchas y movilizaciones crecientes, como en el debilitamiento del sistema de dos partidos en amplias capas de la gente de la clase trabajadora que abandonan el PSOE después de la experiencia del terrible gobierno de Zapatero, que sigue sin recuperar apoyo en las urnas a pesar de la debacle del PP. Sin embargo, a pesar de beneficiarse de un giro a la izquierda en el comienzo de la crisis con la eliminación de la vieja dirección de Llamazares, los líderes de IU corren el riesgo de lanzar por la borda los recientes éxitos recientes de la formación a través de la continua formación de gobiernos de coalición con el PSOE en las regiones y municipios. En el contexto de la crisis actual, los partidos como el PSOE, que están comprometidos con la gestión del sistema de los patrones, sólo llevará a gobiernos de austeridad brutal.

La entrada de IU en la Junta de Andalucía con el PSOE tras las elecciones de mayo (a pesar de la oposición de los miembros de base y simpatizantes) ha demostrado este punto, ya que han anunciado un presupuesto que contiene los peores recortes en la historia de Andalucía. La experiencia de SYRIZA en Grecia, que después de rechazar las coaliciones con los partidos de austeridad y llamar a un gobierno de unidad de la izquierda está ahora configurado para una posible duplicación de sus votos en las nuevas elecciones, se pierde para la mayoría de los líderes de IU, que en realidad están más preocupados por conseguir un puesto importante que por la lucha contra el capitalismo.

El «referéndum» de la base, que los líderes de IU organizaron para decidir si entrar en el gobierno, fue frustrado deliberadamente. La posición de Socialismo Revolucionario (CIT en España) era que el partido debe apoyar la elección del candidato del PSOE a la presidencia sin dejar de oponerse a todas las políticas de austeridad con una lucha determinada de clase trabajadora. A los miembros se les negó la oportunidad de votar por esta opción en el referéndum. Esto condujo a un boicot ampliamente seguido del referéndum regional, liderado por el diputado regional Sánchez Gordillo, quien ha mantenido una posición de principios con su voto en contra de la formación del gobierno.

En Asturias, donde los líderes de IU ya había llegado a un pacto con el PSOE antes de ponerla a votación entre los miembros, la militancia dio un golpe con el rechazo de su entrada en el gobierno. Estos ejemplos de oposición de las masas de militantes comunes y corrientes a la política de pactos y de mal menor se deben construir más a través de la formación de una oposición en todo el estado a estas políticas, tanto dentro como fuera de IU. Tal oposición podría ser el punto de referencia decisivo para una refundación de la izquierda desde las bases sobre la base de las políticas socialistas revolucionarias.

La izquierda revolucionaria de masas es el factor decisivo que falta en la situación actual, donde la situación objetiva muestra el fracaso épico del capitalismo para proveer sus necesidades a la mayoría.

Es necesario hacer preparativos para una Huelga General de 48 horas como parte de una lucha de amplia base para derrocar al gobierno del PP. El régimen actual a favor de la austeridad debe ser remplazado por un gobierno de los trabajadores y los pobres, que avance las siguientes demandas:

• ¡No al pago de la deuda! Nacionalización los bancos bajo control democrático y puesta en marcha de controles de capital para evitar una fuga de capitales.

• ¡Por un programa de emergencia de la inversión pública masiva! Inversión de la riqueza de los súper-ricos y las grandes reservas de las grandes empresas, con un fuerte impuesto a la riqueza.

• Lucha por un gobierno de los trabajadores, basado en la propiedad pública democrática de los centros decisivos de la economía, para comenzar una planificación socialista.

• ¡Por una alternativa internacional a partir de una lucha internacional! ¡Por una Huelga General de un día de los países «rescatados» como un paso hacia una Huelga General europea!

• ¡No a la Unión Europea y el euro capitalistas! ¡Por una confederación alternativa europea de repúblicas socialistas libres y democráticas!


La lucha de clases puede cambiar el panorama

Como en otras partes, el bloqueo de los principales dirigentes sindicales (de CC.OO. y la UGT en este caso) sigue siendo un grave obstáculo para la situación. Por desgracia, su respuesta a este aumento en las movilizaciones y el éxito de las acciones el 29 de marzo ha sido una estrategia de desmovilización. En su lugar, se debe construir sobre estos éxitos mediante la intensificación de la lucha, por ejemplo llamando a una nueva Huelga General de 48 horas (según lo propuesto por Socialismo Revolucionario durante y después del 29M).

Están descartando cualquier movilización significativa hasta después de una «consulta popular» organizada para registrar la oposición a las políticas de austeridad (como si la huelga general no hubiese sido suficiente para registrar esta), probablemente en algún momento del otoño. Los resultados de esta política ya son cada vez más evidentes. Después del masivo despliegue de poder en la huelga general, la falta de acción de los dirigentes sindicales era un signo evidente de debilidad que le dio al gobierno la confianza necesaria para empeorar la reforma laboral, la misma reforma laboral que provocó la huelga en primer lugar mientras pasaba por el parlamento.

Hay una enorme necesidad de organizar las bases sindicales, que ya se oponen abrumadoramente a la austeridad, en torno a una estrategia militante y una llamada por un control democrático desde abajo, como una alternativa a las burocracias amarillas. Algunos sindicatos, entre ellos algunos alternativos más pequeños, han proporcionado importantes ejemplos positivos de lo que es una lucha combativa real. Al ganar notoriedad el aumento de las luchas importantes pueden actuar como palancas en el aparato sindical.

Un ejemplo de ello es la magnífica lucha de las comunidades mineras, que se ha disparado en los últimos días en contra de un recorte del 61% de la financiación lo que significa en realidad el fin del empleo en el sector. La reacción de los trabajadores a los recortes ha sido una explosión de la militancia que es característico no sólo de los propios mineros, sino de la clase obrera de la región de Asturias en su conjunto, cuyas luchas tienden a ser un presagio de mayores explosiones en el futuro. Se ha convocado una huelga general en todos los sectores de las comunidades mineras el 18 de junio, lo que podría traer consigo cambios inesperados en otras partes del país, si la lucha desarrolla un impulso y se populariza.

Estos brotes repentinos de lucha, que inevitablemente se producen en un nivel cada vez más amplio, mostrarán a todos el poder de la clase trabajadora de transformar completamente el panorama social y político en los próximos años.

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