31/12/2013, Lilly Revert, SR Motril

El sistema perverso vuelve a dar una vuelta de tuerca y, como siempre, somos las mujeres las protagonistas de estos miserables.


En los años 70, las mujeres empezamos a alcanzar algunas de nuestras viejas reivindicaciones, pero no pudimos o quizá no supimos llegar al fondo de la cuestión feminista. Había mucho por hacer, pero solo nos quedamos en la superficie de un problema de género, pero también de clase; nos olvidamos o quizá nos hicieron olvidar, desde la clase burguesa, con sus luces de colores, el verdadero centro del problema: el derecho al placer de las mujeres.

En el barullo de reivindicaciones feministas y con el divorcio entre marxismo y feminismo, nos encontramos hoy en una situación arcaica, que no sabemos resolver…. Ciertamente que los dirigentes han dado un varapalo a nuestros derechos ya adquiridos, y siguen queriéndonos dejar en ciudadanas de tercera.

Sería más fácil entender este embrollo, si empezáramos a hablar de amor y sexo, sin miedo y sin vergüenza, plantando cara a los misóginos y machistas, que quieren hurtarnos ese derecho.

Por otro lado y aunque nos sigue sirviendo la famosa frase: «nosotras parimos, nosotras decidimos», no podemos quedarnos solo ahí. Debemos, podemos y sabemos que solo desde la lucha de clases podremos luchar contra la burguesía y ha quedado meridianamente claro que las mujeres de esa clase no son aliadas de las trabajadoras, sino que secundan, con hipocresía, las decisiones de los varones gobernantes.

Las mujeres de izquierdas, incluso por encima de nuestros dirigentes hombres, tenemos que empezar YA a conciliar lucha de clases y feminismo y, sobre todo, a reivindicar nuestro derecho al placer.

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