ELON MUSK: UN BILLÓN Y UNO RAZONES PARA SER SOCIALISTA

Se trata de una doble obscenidad: en primer lugar, que una sola persona pueda amasar tanta riqueza y, en segundo lugar, que esa persona sea Elon Musk. La verdad sobre el capitalismo es ahora más cruda y evidente que nunca. Un mito tras otro se desmorona ante el ascenso de este delirante estafador fascista al puesto de la persona más rica de toda la historia.
Por Manus Lenihan, Solidarity (PIMR en Irlanda)
No siempre es fácil entender lo que está pasando en el mundo, pero de vez en cuando la historia habla alto y claro y da pasos grandes y evidentes. El 9 de junio, 27 familias de Belfast fueron expulsadas de sus casas en unos disturbios racistas. Ese mismo fin de semana, el hombre más rico del mundo, que había incitado públicamente a los alborotadores, se convirtió en el primer “billonario” de la historia cuando su empresa SpaceX salió a bolsa. Elon Musk posee ahora un patrimonio equivalente al 3% del PIB de Estados Unidos, muy por delante de los famosos capitalistas “barones ladrones” de la historia de ese país, como Carnegie y Rockefeller.
Contrasta esa riqueza con la imagen de las humildes casas adosadas de Belfast consumidas por los incendios de los pogromos.
Se trata de una doble obscenidad: en primer lugar, que una sola persona pueda amasar tanta riqueza y, en segundo lugar, que esa persona sea Elon Musk. La verdad sobre el capitalismo es ahora más cruda y evidente que nunca. Un mito tras otro se desmorona ante el ascenso de este delirante estafador fascista al puesto de la persona más rica de toda la historia.
Mito n.º 1: El capitalismo premia el trabajo duro y las ideas ingeniosas
Se dice que, en el capitalismo, el trabajo duro y las ideas ingeniosas se ven recompensadas con riqueza. Musk tiene más riqueza que nadie en la historia. Pero la otra parte de la ecuación no cuadra. ¿Trabajo duro? No para de publicar y discutir en internet. Es tan vago que incluso contrata a gente para que juegue a videojuegos por él. Varios medios de comunicación importantes han informado sobre el consumo intensivo y habitual de drogas por parte de Musk.
¿Ideas ingeniosas? Entre ellas se encuentra la eugenesia. Tiene planes espeluznantes para difundir sus propios genes, supuestamente superiores, a través de una “legión” de descendientes. Firma acuerdos legales con mujeres que no conoce, les da un montón de dinero y les envía su esperma por correo. Otra idea ingeniosa que tuvo fue asistir a fiestas en la isla de Epstein, preguntándole al notorio depredador sexual condenado: “¿Qué día o noche será la fiesta más salvaje en tu isla?”.
La presencia de Musk en internet demuestra que es la figura pública más dolorosamente crédula del mundo. Se cree cualquier cosa que le digan en la red los influencers de extrema derecha. Recurre a faroles descarados para disimular su ignorancia sobre los diversos temas de los que le gusta hablar sin parar, desde la Antigua Roma hasta los asentamientos en Marte.
Tiene un patrón claro de fracasar estrepitosamente a la hora de cumplir sus grandes y extravagantes promesas. Cuando unos niños tailandeses quedaron atrapados en una cueva en 2018, afirmó que iba a inventar una máquina para rescatarlos. Era una auténtica tontería. En cambio, en uno de los actos más depravados de su vida, intentó difamar al heroico buceador que realmente los rescató.
Este “genio” prometió coches sin conductor hace años y no cumplió. Prometió algo llamado “el hyperloop” y no cumplió. Una y otra vez predijo el estallido de una guerra civil en Gran Bretaña. Tampoco ha cumplido en este aspecto, aunque no ha sido por falta de esfuerzo. Por no hablar de sus diversas promesas descabelladas sobre Marte.
Hace tan solo diez años, Musk era aclamado como un héroe medioambiental. Eso fue antes de que prestara un apoyo masivo a las fuerzas políticas de extrema derecha que, respaldadas por la industria de los combustibles fósiles, quieren acabar con las políticas respetuosas con el medio ambiente. Hay que reconocerle a SpaceX que consiguió reducir el coste de poner objetos en órbita… y a continuación contaminó los cielos nocturnos con un número excesivo de satélites.
No debemos olvidar la increíble perspicacia empresarial y el servicio a la humanidad que Musk demostró durante la vertiginosa “mierdización” de Twitter. Luego estuvo su noble cruzada contra el despilfarro en el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), donde recortó la financiación de muchas iniciativas cruciales y puestos de trabajo públicos vitales. Y, precisamente en los últimos meses, ha librado batallas legales con varios gobiernos por su chatbot de IA, Grok, que generaba material de abuso sexual infantil.
Mito n.º 2: El mercado distribuye la riqueza de forma eficiente
Esto nos lleva a otro mito sobre el capitalismo: que el mercado es la forma más eficiente de distribuir la riqueza. Si esto fuera cierto, no habría multimillonarios y mucho menos un billonario; nada es más derrochador que el acaparamiento personal de recursos que podrían utilizarse en beneficio de la sociedad.
La salida a bolsa de SpaceX, el episodio que catapultó a Musk a la categoría de billonario, desmiente esta idea, sin lugar a dudas. SpaceX no va a establecer un asentamiento viable en Marte, y mucho menos construir una “economía lunar” que abarque tres mundos, ni siquiera en los próximos diez años y ni siquiera con cientos de miles de millones de dólares de los que disponer.
En 2022, Tesla, la empresa de coches de Musk, perdió el 60% de su valor antes de recuperarse. En 2025, perdió un 46% antes de recuperarse, lo que pone de relieve lo volátiles que pueden ser estas cosas —siendo las propias excentricidades y comportamientos erráticos de Musk un factor clave de esta volatilidad—. En este caso, la “asignación eficiente de recursos” del capitalismo significa entregar la friolera de un billón de dólares a un hombre con un historial dudoso a la hora de cumplir sus promesas, al servicio de un proyecto que no es viable.
Sería ingenuo considerar la valoración de SpaceX como el pistoletazo de salida de una nueva carrera espacial. Más bien debería analizarse a la luz de las recientes burbujas en ámbitos como las criptomonedas y la inteligencia artificial. De hecho, SpaceX se ha diversificado hacia la IA, por lo que esto tiene que ver, en parte, con la burbuja más amplia de la IA. Otros inversores están más interesados en las comunicaciones por satélite o en una fusión con Tesla. Pero ya se trate de satélites, de IA o de ciudades en Valles Marineris, no es fácil ver de dónde va a proceder el rendimiento de esta enorme inversión.
Otra parte de la explicación es que muchos de los inversores no tuvieron otra opción en realidad, debido a las complicadas normas que rigen los fondos indexados. Esto significa que tu pensión podría estar ahora ligada a la suerte de SpaceX, sin que tú hayas tenido voz ni voto al respecto.
Mito n.º 3: El capitalismo trae consigo el progreso
Otro mito sobre el capitalismo es que un mundo sin “emprendedores intrépidos” como Elon Musk estaría estancado y sería retrógrado. ¿Cómo explicar entonces las opiniones profundamente retrógradas de Musk sobre cualquier tema?
Su chatbot Grok nos ofrece un ejemplo llamativo de lo que significa hoy en día el “progreso” capitalista. Unos investigadores de IA en Francia describieron a Grok los síntomas de la esquizofrenia, y el chatbot confirmó que se trataba de una “persecución por un doppelgänger”; a continuación, les aconsejó que clavaran un clavo de hierro en un espejo mientras recitaban el Salmo 91 al revés. La fuente de este consejo sobre salud mental fue el Malleus Maleficarum, un notorio manual de caza de brujas de 1486.
He aquí una advertencia muy literal de que, cuando confiamos nuestro futuro a multimillonarios tecnológicos sin cultura, estamos invitando a un retorno a las oscuras épocas de la paranoia y el fanatismo. No se trata de un incidente aislado. Peter Thiel, compañero de Musk y también capitalista tecnológico —financiador clave de la carrera política del vicepresidente de EUA, JD Vance—, pronunció una conferencia en San Francisco en la que advirtió de que el Anticristo es real, y que incluso podría ser la activista climática Greta Thunberg.
Una de las peores cosas de Musk es que, en comparación con él, hace que los demás capitalistas tecnológicos parezcan razonables. Pero toda esta clase comparte en gran medida la misma arrogancia, inestabilidad y tendencias antisociales de Musk. Por ejemplo, Jeff Bezos, de Amazon, defiende abiertamente que la gente debería soportar la escasez de agua para alimentar los centros de datos. Promete que el agua robada impulsará una revolución de la inteligencia artificial que, a la larga, resolverá todos los problemas a los que se enfrenta la humanidad.
¿Qué significa todo esto para nosotros? Significa que la clase capitalista es incapaz de ofrecer una visión progresista o positiva del futuro. Si personas como Musk y Bezos se salen con la suya, tendremos un futuro en el que la gente morirá murmurando versículos del Libro del Apocalipsis proporcionados por algún bot como remedio de charlatán para la deshidratación extrema.
La alternativa socialista
Si el capitalismo no recompensa el trabajo duro ni las buenas ideas, si no distribuye los recursos de manera eficiente y si no conduce al progreso social ni cultural, ¿qué tiene a su favor?
La realidad es que la mayoría de nosotros trabajamos demasiado, tanto en el trabajo como en casa. Merecemos ser recompensados con asistencia sanitaria gratuita y de calidad, servicios de guardería, transporte público y educación, así como viviendas públicas en las que podamos permitirnos vivir. Merecemos energía limpia en abundancia.
La respuesta habitual es: “¿De dónde saldría todo ese dinero?”. En realidad, no es una pregunta seria, teniendo en cuenta que un villano de James Bond puede encontrar cientos de miles de millones de dólares debajo del sofá. La clave del socialismo frente al capitalismo es que la mayor parte de la riqueza estaría bajo propiedad y control públicos y democráticos, y se invertiría en función de las necesidades humanas más urgentes, en lugar de lo que tenemos ahora, que es una inversión impulsada por ciclos frenéticos de expectación y pánico masivos.
No creas el bombo publicitario
Por supuesto, todavía hay suficientes personas adineradas que se creen el bombo publicitario, o al menos creen que los demás se lo creen. Un biógrafo de Musk lo calificó de “Iron Man de la vida real”. Otro biógrafo argumentó que la descarada osadía y la excentricidad de Musk son el precio que tenemos que pagar por beneficiarnos de este genio. Solo que es más que descaro cuando Musk hace el saludo nazi en la toma de posesión de un presidente de extrema derecha, o cuando utiliza su enorme plataforma para difundir una intensa hostilidad hacia las personas de color, los musulmanes, las mujeres, las personas trans e inmigrantes. No es excentricidad, es un delirante fascismo de Silicon Valley, con un ojo puesto en el espacio y el otro en los anticristos y las brujas.
El capitalismo acaba de convertir a este tipo en un billonario basándose en promesas absurdas. Lo han hecho “demasiado grande para caer”, en el sentido de que alguien tendrá que rescatarlo, a un gran coste, si llega a fracasar. Pero si, contra todo pronóstico, realmente cumpliera sus promesas de colonizar el espacio, eso sería mucho peor. Resulta distópico imaginar que las empresas con ánimo de lucro lideren la expansión hacia el espacio. Ahora imagina que se trata de un enorme monopolio propiedad de Elon Musk. Imagina que dejáramos que este idiota le hiciera a Marte lo mismo que le hizo a Twitter.


