Los recientes escándalos sobre convenios de cooperación internacionales y proyectos inmobiliarios israelís en México han desatado una ola de nacionalismo y antisemitismo contra lo que se percibe como una invasión sionista. Pero detrás de esta retórica nacionalista se esconde la intención de la burguesía mexicana que utiliza el miedo al extranjero para blindar sus propios negocios rentistas y extractivistas. El verdadero motor de la explotación en México no es solo el intervencionismo israelí, sino una clase dominante nacional que está más que dispuesta a entregar la soberanía con tal de garantizar sus ganancias.

Por Alternativa Socialista, PIMR en México

Circula por las redes un recorte de periódico de mediados de los años treinta que dice “Mexicano tuya es la Patria, no del Judío”, que funciona como un microcosmos de la reciente campaña de la ultraderecha de infiltrar el movimiento contra el genocidio en Gaza. Específicamente es una reacción al convenio del gobierno chihuahuense que celebró con la agencia Mashav para la cooperación del Ministerio de Asuntos Exteriores del Estado de Israel. La perspectiva de una posible privatización del agua, aunado a los recientes escándalos como el del proyecto inmobiliario Ciudad Torá en Ixtapan de la Sal, o los retiros vacacionales de Chabad para miembros de las fuerzas armadas de Israel en Cozumel han generado una alarma por la “palestinizacion de México” y han sido usados como excusa para alzar la retórica nacionalista y antisemita en contra de lo que se percibe como una invasión israelí en territorio mexicano.

Es importante reconocer que estos proyectos se están llevando a cabo. No solo ahora, Israel tiene décadas interviniendo en México, como cuando la policía capitalina detuvo al prófugo de la Interpol Benjamin Yeshurun Sutchi, quien era un agente del Mossad operando en territorio mexicano que, según medios israelíes como Ynet y Walla News, fue asesinado algunos años después a través de una operación internacional del servicio secreto israelí. O en Octubre de 2001 cuando la PGR detuvo a Salvador Guersson Sunke y Saur Ben Zvi dentro del Congreso de la República, en San Lázaro, armados con pistolas, granadas, explosivos improvisados y 3 explosivos C-4, dispuestos a ocasionar un ataque de bandera falsa para presionar aún más a la opinión pública internacional en contra de Osama Bin Laden y Al-Qaeda en el Medio Oriente. O el gansterismo de Eduardo Margolis, apodado como el Golem, un empresario mexicano que operó una red de tráfico de influencias y seguridad que llegaban directamente hasta el ex secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, y quien famosamente es el culpable del encarcelamiento arbitrario de Israel Carlos Vallarta. Existe un intervencionismo de parte del Estado de Israel en México encaminado a avanzar los intereses del imperialismo en el país, pero interpretarlo como una invasión judía en México es falsa.

Estos casos solo reflejan la mitad de la realidad. Del otro lado, existen estructuras de poder y una red construida y administrada por el capitalismo mexicano que extiende estos poderes a los mejores postores. Detrás de cada burgués internacional hay un capitalista nacional, que se contenta con rentar, extraer y explotar en su país con tal de obtener ganancias. No existe un pobre capitalista patriota desplazado por conspiradores sionistas para arrebatar las tierras, la burguesía nacional establece las leyes, crea los acuerdos y supervisa la explotación de su querida patria. La cita con la que abre este artículo, “Mexicano tuya es la Patria, no del Judío”, fue publicada por la Unión de Comerciantes Mexicanos del Estado de México en los años treinta, cuya intención no era la de salvaguardar y alertar a sus compatriotas mexicanos. La letra pequeña que sigue al encabezado dice “no permitas que monopolicen las industrias y el comercio, no les compres”, con la implicación de quienes deberían monopolizar las industrias y el comercio, a quienes deberías comprarles es a ellos, por gracia de ser mexicanos y no judíos.

Para el trabajador la explotación es la misma. Incluso bajo la lógica desarrollista y de la industria mexicana, el capital nacional es el principal líder de fuga de capital frente a las crisis económicas. Esto es, que los patrióticos capitalistas mexicanos son los primeros en sacar su dinero de México en el momento que el país enfrenta cualquier tipo de riesgo económico. Como ocurrió durante la crisis de 1982, en la que desde 1981 se fugaron del país 8.3 mil millones de dólares.

Ni el nacionalismo ni el antisemitismo son respuestas para evitar que la influencia del imperialismo israelí en México. En lugar de señalar a los judíos, muchos de quienes ni siquiera son sionistas y que en su mayoría exigen que el genocidio se detenga, lo que necesitamos es señalar la cobarde y perversa lógica del capitalismo mexicano. Hay que exigir la cancelación de acuerdos internacionales, la ruptura de relaciones diplomáticas y la presión internacional por parte del gobierno mexicano en contra del Estado de Israel por la masacre que está ocasionando en Palestina y todo el Levante.

El sionismo tiene más aliados mexicanos en las iglesias evangélicas que entre las filas de los judíos mexicanos. El pastor mexicano Felipe García Hernández fundó el movimiento ‘Pastores que Aman y Apoyan a Zion’ específicamente para presionar al gobierno mexicano a favor del Estado de Israel. Netanyahu lo sabe mejor que nadie, cuando visitó Brasil antes de la toma de posesión de Jair Bolsonaro, les dijo a los líderes evangélicos: “no tenemos mejores amigos que los evangélicos, y los evangélicos no tienen mejor amigo que el Estado de Israel”. Entre los evangélicos y personajes de la política mexicana como Hugo Erick Flores, quien fundo y es presidente del Frente México-Israel A.C., el sionista Salomón Chertorivsky o el diputado y dirigente de la CATEM Pedro Haces, quien preside el grupo de Amistad de Mexico e Israel, es claro que el lobby sionista en México es presidido por mexicanos.

La lucha contra el genocidio en Palestina, es antiimperialista y anticapitalista, no antisemita ni xenofoba. Los trabajadores tenemos que tener claro que la liberación de todos los pueblos oprimidos del mundo se va a dar luchando en contra de todas las formas de opresión. Los trabajadores mexicanos tenemos más en común con los trabajadores judios y árabes, israelíes y palestinos, que con los capitalistas nacionales. Por ello, debemos levantar la bandera del internacionalismo proletario frente a los intentos chovinistas y antisemitas que pretenden dividirnos de nuestros hermanos de clase.