Gabriel Boric, de la coalición “Apruebo Dignidad”, derrotó al candidato de extrema derecha, José Antonio Kast, en la segunda vuelta de las elecciones chilenas. Boric obtuvo el 55,8% de los votos, casi un millón de votos más que Kast (44,1%).

Por André Ferrari, Liberdade, Socialismo e Revolução (ASI en Brasil)

Esto invirtió la situación de la primera ronda, cuando Kast había ganado el primer lugar. En ese momento, una parte importante de los votantes jóvenes y de la clase trabajadora, decepcionados con el sistema político y poco entusiasmados con la moderación de Boric, prefirieron no acudir a las urnas.

Ante la amenaza de una victoria pinochetista en la segunda vuelta, la movilización y la participación fueron mayores y sirvieron para imponer una importante derrota a Kast. La victoria electoral de Boric representa un revés para los planes de las alas más truculentas de la clase dominante que pretendían imponer por la fuerza una derrota definitiva a la gran revuelta popular que estalló en Chile en octubre de 2019.

Un gobierno de extrema derecha, respaldado por los votos, estaría en mejores condiciones para profundizar la represión y los ataques que ya impulsaba el actual presidente Sebastián Piñera, aunque enfrentando una fuerte resistencia y sin ninguna legitimidad popular. A partir de ahora, la clase dominante apostará a la domesticación de Boric y a que su gobierno convenza a los trabajadores, a la juventud, a las mujeres y a los pueblos originarios para que no retomen y profundicen su lucha. Junto a esto, esta misma clase dirigente, apostando por el futuro desgaste de Boric, preparará el terreno para volver a soltar a sus perros rabiosos de la extrema derecha.

La merecida celebración popular de la victoria de Boric no puede hacernos olvidar que la derrota definitiva de la extrema derecha chilena sólo se producirá con la reanudación de las luchas de masas y la organización de base en los territorios y lugares de trabajo y estudio. Todo ello en defensa de una agenda de transformación radical de la sociedad chilena, que entierre de una vez por todas el neoliberalismo, el autoritarismo, la desigualdad y el sistema que genera todo ello.

La moderación política y la postura conciliadora de Boric y de gran parte de la izquierda o centroizquierda chilena casi lo ponen todo en riesgo en un contexto de polarización social y política y de búsqueda de cambios profundos.

El levantamiento masivo de octubre de 2019 podría haber derrocado ya a Piñera y crear las condiciones para que se ganara una Asamblea Constituyente legítima y soberana en el país. Pero, la firma del “Pacto por la Paz” y la aceptación de una Convención Constituyente con poderes limitados dieron a Piñera la supervivencia y abrieron el espacio para que la ultraderecha levantara su cabeza amenazante.

La victoria de Boric representa una oportunidad para que el pueblo chileno retome su dinámica de luchas de los últimos años y construya una auténtica alternativa de los trabajadores y el pueblo oprimido. No se puede aceptar la idea de una tregua o de una reconciliación nacional. No podemos adoptar una actitud de espera y expectación ante las medidas que debe adoptar el nuevo gobierno. Es necesario levantar la bandera de la educación y la salud públicas, el derecho a la jubilación, la nacionalización con control obrero de los recursos naturales y minerales y de los sectores claves de la economía, la defensa de los derechos de las mujeres, la garantía de los derechos del pueblo mapuche y de todos los pueblos originarios. Es necesario profundizar la organización de la lucha desde las bases, unificar los movimientos en lucha y construir las condiciones para una huelga general aún más potente que la de noviembre de 2019. Es necesario apuntar a la perspectiva de un gobierno de los trabajadores y del pueblo oprimido con un programa anticapitalista y socialista.

Sólo así el pueblo chileno consolidará su victoria contra la extrema derecha y ganará una vida digna. Una vez más, Chile es una referencia para las luchas de los pueblos de América Latina y del mundo. Aprendamos de su experiencia, unifiquemos nuestras luchas y conquistemos una América Latina y un mundo socialistas.

 

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