SUPER EL NIÑO 2026: LA BALANZA AMBIENTAL SE TAMBALEA

El fenómeno ambiental conocido como El Niño-Oscilación del Sur amenaza con traer una temporada de clima extremo e impacto ambiental. El Súper Niño, como se pronostica sea el que se está formando en el océano Pacifico, puede traer una dura temporada de ciclones y arrojar sobre el mundo calamidades, tormentas y sequías como no se habían experimentado en décadas.
Por Freddy Fernández, Proyecto por una Internacional Revolucionaria Marxista en México
El Niño es un fenómeno oscilatorio producto del movimiento planetario anual que causa que el año esté separado en 4 temporadas. Esto produce que la atmósfera, que se comporta como un líquido, sea revuelta en ciclos predecibles de aproximadamente 4 años. Esto ocurre cuando la temperatura del océano pacifico se eleva y masas de aire encierran el viento polar en la Antártida, permitiendo la creación de masas de aire cargadas de agua que provocan lluvias torrenciales sobre el continente americano.
Algo muy importante que hay que tener en cuenta a la hora de hablar del fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur es que no podemos hablar en términos de temperaturas más altas o bajas. La severidad de la oscilación de las temperaturas oceánicas determina qué tan extremos son los fenómenos climáticos. Esto es, el Niño y la Niña por si mismos no enfrían y calientan el planeta, sino más bien son indicadores de que tan radicales y extremos pueden ser los fenómenos climáticos en una temporada particular.
Por esto, frente a El Niño extremo que se prevé empiece a formarse entre Junio y Agosto, Banamex estima que la inflación anual podría aumentar hasta en un 0.52%. Mayores lluvias en el norte del país y sequías más drásticas en el sur pueden significar daños por heladas a cultivos como el jitomate, trigo y maíz en el norte del país. Así como mayores impactos negativos por sequía a cultivos de café, caña de azúcar y aguacate en el centro y sur del territorio nacional. Algunos alimentos como el frijol ya enfrentan afectaciones de temporadas de cultivo pasadas, a las que se sumarán las que traiga este periodo de clima errático.
Pero las afectaciones obviamente no sólo son económicas o alimentarias. No sólo las costas del Pacifico mexicano, si no las de todos los países que rodean al océano Pacifico, desde Tierra de Fuego hasta Vladivostok, podrían enfrentar una temporada de ciclones especialmente dura con los costos humanos que ello implica. Con inundaciones y pérdidas materiales para miles de personas, sin contar las vidas que podrían perderse.
En todo el mundo, el cambio climático ya ha obligado a millones de personas a verse desplazadas por catástrofes ambientales. Cuando en 2024 un monzón dejó a 45% de Bangladesh debajo del agua, más de 5.8 millones de personas fueron desplazadas por el desastre climático. Entonces 27,000 viviendas fueron destruidas por completo, con daños parciales a otras 300,000. El Centro de Investigación de Desplazamientos Internos (Researching Internal Displacement) estima que este año tendremos mundialmente a 45.8 millones de personas que tendrán que abandonar sus hogares a raíz de un desastre climático.
La tragedia más grande de todo esto es que quienes pagaremos las afectaciones y los daños de esta temporada de catástrofes climáticas mundiales seremos la clase trabajadora. Una y otra vez, todas las pérdidas y costos humanos las pagamos las y los trabajadores de manera directa o indirecta. Mientras los capitalistas, cuya contaminación y explotación agrava el cambio climático y los fenómenos como El Niño, sigan administrando los recursos del planeta para incrementar su riqueza, los trabajadores siempre terminaremos pagando los platos rotos. Con nuestras vidas, nuestras billeteras, nuestro patrimonio, o nuestra historia cuando somos obligados a abandonar nuestro hogar, pero siempre lo pagamos nosotros.
Pero más allá de caer en el pesimismo o la desesperanza, la tarea de dar la lucha contra el cambio climático y el capitalismo que lo causa es clara. El repunte de explotación de petróleo post-COVID y las guerras por recursos en todo el mundo lo confirman, mientras genere ganancias cada rincón del planeta será explotado. El fenómeno de El Niño que se está formando en el océano Pacifico es una señal de alarma de que nuestra casa está en llamas, pero nosotros tenemos el extintor, la lucha por el socialismo. El único sistema que podría administrar y apaciguar la crisis climática es uno en el que los recursos naturales sean usados para el beneficio de toda la humanidad en su conjunto, y no el de unos cuantos ejecutivos. Y en el que la mayoría de los afectados tengamos voz y voto en la prevención y atención de estas catástrofes. No nos podemos dejar engañar, este es el mundo de los Acuerdos de París, el de los mercados de créditos de emisiones de carbón, el mundo del imperialismo verde, y el que ahora se prepara para arrojar sobre las personas más desposeídas del mundo una nueva temporada de calamidades. En este mundo, nuestra herramienta más poderosa para luchar contra la catástrofe climática capitalista, es la lucha por el socialismo.


